lunes, 24 de septiembre de 2012

Acho Estol


Un “outsider” del tango 2.0

Crítica “La calle del desengaño”, de Acho Estol. El líder de La Chicana, en su tercer CD.

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13.06.2012 | Por Andrés Casak Especial Para Clarín
Lejos de las tendencias que dominaron al tango en estos años, Acho Estol ha ocupado un lugar singular: el deoutsider . Como letrista y músico de La Chicana, en alianza artística con su mujer, la cantante Dolores Solá, eligió obras propias cuyas influencias están en los límites mismos del tango y que tampoco parecen tener una nítida descendencia. El título del disco debut del grupo, editado en 1997, ya marcaba una declaración de principios: Ayer hoy era mañana .
En paralelo con La Chicana, Estol desarrolló más tímidamente una carrera solista, que ahora suma un nuevo capítulo con el lanzamiento de La calle del desengaño y que en cierta forma completa una trilogía que también integran Mi película y Buenosaurios. Sus trabajos solistas tienen varios elementos en común: el tango aparece como un ingrediente más de una ensalada de ritmos, como la cumbia, la chamarrita, la zamba. Y Estol funciona como una suerte de director técnico, alternando instrumentos, distribuyendo roles, cantando e invitando a otros intérpretes.
Pero al mismo tiempo aquí parece haber alcanzando un equilibrio. Si antes cierta desmesura brotaba de sus discos, ahora sacó el pie del acelerador y presenta una serie de canciones sobriamente arregladas y producidas. No es que haya cambiado radicalmente su estilo, pero todo está en un tono justo, sin perder la pátina irreverente y humorística de gran circo criollo que suelen albergar sus producciones.
Con un booklet cuya gráfica remite a las publicidades de las viejas revistas porteñas, intervenidas con fotos de los músicos que participaron en la grabación, el disco recorre múltiples atmósferas: va y viene entre la delicada Julia González , entonada por Pablo Dacal, y la serpenteante cumbia El aviador que escribió Luis Alposta y que interpreta Pablo Marchetti; entrelaza las formaciones más heterodoxas con citas a Los Beatles y a Gardel, pero, a pesar de ser un disco coral, no pierde el pulso orgánico.
Tal vez lo más atractivo del disco haya que buscarlo en los pliegues de las dieciocho canciones: en cómo ha logrado condensar su propuesta en piezas propias como la milonga surera La calle del desengaño , pero también en la potente sociedad con el cantor Cucuza Castiello –responsable de poner voz a algunos de sus tangos y valses– y en la exhumación de la poesía callejera y corrosiva de Jorge Alorsa Pandelucos, expresada de modo genial en No es posible un mundo mejor con árbitros bomberos , con el lamento de un hincha ante un referí que sanciona un penal (“Dios sabe que ud. se equivocó / y la hinchada está que arde”).
Prácticamente desde los márgenes, oblicuo a las corrientes, a contramano del tango engominado, pero también alejado generacionalmente de los músicos de veintipico y treintaipico del circuito off , Estol sigue firme con sus letras, sus discos, sus conciertos. A prestarle atención.

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