viernes, 23 de marzo de 2012

"La Nación", año 2003


Martes 07 de octubre de 2003 | Publicado en edición impresa
Creadores: músicos argentinos que desarrollan su carrera en el exterior
El tango del exilio
Una camada de artistas que han sentado sus bases en diferentes ciudades europeas generan desde allí propuestas con sello propio
Por Gabriel Plaza  | LA NACION


Desde principios del 1900, cuando Vicente Greco y Arolas incursionaron en París, el tango ha desarrollado una vida propia fuera de sus fronteras naturales. Durante los últimos treinta años, la emigración de tangueros argentinos generó un polo cultural en el exterior, con casos notables, como el de Astor Piazzolla. Algunos se fueron por motivos artísticos, políticos o económicos, pero a pesar de correr en forma paralela a la escena porteña siempre regresan al país.
El fenómeno de esta diáspora tanguera en el mundo presenta casos emblemáticos, como el del Tata Cedrón, Juan Carlos Cáceres, Juan José Mossalini y Gustavo Beytelmann, que hace tres décadas vienen desarrollando sus propias propuestas desde París. Otros nombres, como Marcelo Nisinman entre Suiza y Dinamarca, Gustavo Toker en Amsterdam, Luis Borda en Munich, Marcelo Mercadante en Barcelona, redondean un tango argentino con presencia en las principales capitales europeas.
PARÍS, BARRIO DE TANGO
"¿Dónde va a vivir un porteño sino es en París ?", sostiene el compositor, músico y pintor Juan Carlos Cáceres, que desde mayo del 68 vive en esa ciudad, donde trabaja y viene desarrollando una propuesta más ligada al costado negro del candombe, la murga y tangos de su autoría. Hace poco armó una clínica en París en la que por primera vez se escuchó el bombo y el baile de murga interpretado por el cantautor Ariel Prat (otro exiliado artístico que vive en Zaragoza). "Yo tomé muchos elementos que estaban dispersos del tango y los refusioné en una propuesta mestiza -apunta Cáceres-. Nosotros tenemos la ventaja de estar a la distancia y no entramos en las internas del ambiente argentino. Por eso, me dediqué a investigar nuestra historia y ver qué pasó con lo negro en nuestra cultura. Por ahí viene la mano. Hay mucha gente que se está dando cuenta de esos orígenes, en la murga y el candombe, como La Chicana, La Chilinga, Melingo, Los Crotos de Constitución. Con ellos tengo un intercambio fabuloso. Pero los tangueros clásicos tienen que despertarse porque están como en otro país", cuenta el cantautor que acaba de lanzar en la Argentina una nueva edición del excelente "Toca tangó".
Juan José Mossalini y Gustavo Beytelmann son otros reconocidos creadores que trabajan en diferentes proyectos y forman parte de un grupo generacional que se tuvo que hacer en otro país, a pesar de que tenía una trayectoria en la Argentina. Mossalini actual-mente tiene una orquesta de tango en París, que paradójicamente quiere repatriar, fruto de sus años de docencia del bandoneón y creador de una cátedra del fueye en París. Mientras que Beytelman está vinculado con diferentes proyectos como el de Tango Proyect junto a Makaroff.
De esa misma generación es el Tata Cedrón, figura emblemática del tango argentino en París, vinculado con escritores como Cortázar. También es una figura maldita para aquellos que lo etiquetaron como un cantor de protesta.
Iluminado por un nuevo trabajo, "La Típica", editado por Acqua Records, que significará su vuelta a la Argentina después de 30 años de vivir en París, el músico ofrece un pantallazo de sus sensaciones de hacer tango lejos del barrio. "Francia me dejó educar a mis hijos y me dio de comer. Pero yo nunca hubiera querido irme. Cuando salimos de la Argentina en el 74, teníamos armado un repertorio con canciones de Gelman y Tuñón. Me habían vinculado con la protesta porque hicimos una cantata con Juan (Gelman) por la masacre de Trelew, pero mi trabajo siempre estuvo centrado en los buenos poetas y el tango".
El cantor, creador del mítico Cuarteto Cedrón, buceador de un repertorio lunfardo o de compositores olvidados como Osvaldo Tarantino, nunca fue un moderno.
"Siempre hice un repertorio tradicional o con nuevos temas, pero nunca fui un piazzollero, que para mi generación fue nefasto, porque nadie tuvo una voz propia -define Cedrón con su característica elocuencia-. Creo que lo bueno de haber estado afuera es que guardamos cosas que se perdieron en el terremoto de los últimos años y en el fenómeno de desculturización. Es interesante, porque se produjo un vacío y algo resguardamos los que estábamos afuera, cuando acá en la Argentina se hacía poco tango. A la vez, no crecimos con lo que se estaba haciendo acá, pero el resultado es que ahora hay muchos jóvenes que tienen interés en lo que hacíamos los que estábamos afuera."
LOS NUEVOS O NO TANTO
Al bandoneonista Marcelo Nisinman algunos medios lo llaman el nuevo Piazzolla. El joven músico es parte de una nueva generación de instrumentistas que salieron del país en busca de trabajo y estudio. Radicado hace años en el exterior, Nisinman tiene más participaciones en discos extranjeros que en la Argentina. Tocó en los escenarios más importantes del mundo y está al frente del sorprendente Tango Orkestret, de Dinamarca, con el que grabó el disco "Tango nuevo tango" (difícil de conseguir en Argentina). Como arreglador y eximio ejecutante del bandoneón condensó en su sonido influencias del rock, la milonga, el jazz, el klezmer y la música clásica. Desde ese lugar del mundo y a miles de kilómetros de Buenos Aires, Nisinman es considerado por maestros y contemporáneos, uno de los mejores fueyes de la Argentina.
Para otro bandoneonista, Gustavo Toker, las cosas no son diferentes. Durante los noventa, giró por Europa, construyó su carrera en el exterior y fijó su residencia en Holanda, donde armó una propuesta dentro del tango, pero atenta a otros sonidos de la música popular argentina. Sus viajes a Buenos Aires le permitieron grabar su último material en un estudio porteño. El disco "Toker y la milonga" no hace más que reflejar el crecimiento compositivo, la influencia piazzoleana y mostrar sobre todo a un bandoneonista de técnica prodigiosa.
Dentro de los más nuevos, Marcelo Mercadante se destaca por su personal estilo. El discípulo de maestros como Julio Pane, se fue del país por trabajo y recaló en Barcelona. Allí convivió con músicos de jazz, del ámbito clásico y hasta tocó en giras junto a Joan Manuel Serrat. Con el disco "Esquina Buenos Aires" el bandoneonista de Villa Luro presentó en sociedad su Quinteto Porteño en una milonga porteña. En su exquisito material, que busca distribución local, y fue editado en España por el prestigioso sello Karonte, conviven obras propias, temas de Salgán, Bardi y Piazzolla. "Si hay algo que no quería perder estando afuera era mi forma de hablar porteña -acentúa Mercadante-. Eso también lo traslado a mi música con una identidad bien nuestra a pesar de que fue grabado casi todo en Barcelona."
DESDE ALEMANIA
Luis Borda pertenece a esa generación intermedia que sufrió la falta de continuidad y desarrollo del género tras la muerte de Piazzolla. El músico radicado en Munich, hermano de la cantante Lidia Borda, es uno de los compositores más destacados de esta camada. Su inspirado trabajo como guitarrista, arreglador y compositor encuentra un verdadero cauce actual sin caer en la remanida fórmula pos- Piazzolla. "Cuando yo vivía en la Argentina mi propuesta musical ya tenía una perspectiva diferente -sostiene- claro que desde que vivo aquí he desarrollado más mi enfoque tanguero contemporáneo, incorporando otras sonoridades y realizando experiencias con músicos de distintas latitudes. Lo que me interesa es un público interesado en nuestra música no como una moda, sino como un arte increíblemente auténtico y vital

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