miércoles, 7 de marzo de 2012

Héctor de Rosas

Héctor de Rosas 
o el tango como lied
 *

Álvaro Costa
a mi padre, Lisandro Costa

exordio
Si yo hubiera sido cantor de tangos, hubiese querido ser Héctor de Rosas. Si hubiera sido mujer, hubiera querido que Héctor me importune, una noche de madreselvas, con unos tangos y unos valses (...."Remembranzas" o "Cuando tú no estás" y "Enamorado estoy"..........) (1) que me sacaran al balcón. Si él hubiera sido mi padre, hubiera querido que sea un gardeliano empedernido, como mi padre. Como no soy ni lo primero ni lo segundo, me resta lo mejor: ser un oyente agradecido ante esa voz rioplatense tan profunda, tan clara, afinada y romántica. Fue lo primero que noté cuando tomé contacto: una voz que no parecía proceder de lo que comúnmente se entiende por un hombre de 70 años. Si yo fuera platónico, remitiría al triunfo del alma. Como no lo soy, me resta pensar que los trabajos del cuerpo logran –como en los derviches- cierto asomo de la eternidad. Colgué y enseguida le escribí a Zenda para decirle que estaba más que contento pero que me imaginaba que el reportaje me iba a ser difícil. En efecto, Héctor de Rosas tiene una virtud al dialogar, que no sé si es premeditada o lo contrario: se dirige a un interlocutor experto en abducciones. Segundo: la conversación duraba –digamos- una hora y, de repente, la suspendía por esotra obligación. Esto me mantuvo continuamente en vilo, así que mi viaje a Bs. As. terminó a su medida (de la tarde a la mañana, de la mañana a la noche....), como debía ser en definitiva. Tercero: cultivó el arte de no seguir mis preguntas, las cuales, la mayoría de las veces, no pasaban de ser desencadenantes de todo lo demás, que era de lo que realmente él quería hablar. Superado un pequeño malestar inicial, mi interés por lo que contaba no morigeró un ápice; por el contrario, me encontré con respuestas a preguntas que, por ignorancia, nunca le hubiera podido formular.... Cuarto: en la serie, hubo momentos en que entré a desconfiar sobre si era verdad lo que me estaba diciendo. Yo acababa de leer dos días antes "Tango de vuelta". Sobre todo, donde dice: "... después esa necesidad barroca de la inteligencia que la lleva a rellenar cualquier hueco hasta completar su perfecta telaraña y pasar a algo nuevo...". (2) Entonces, me volví a convencer de que la verdad tiene un sentido documental y tiene otro sentido que también es verdadero o todavía más. No sé si es verdad, en el primer sentido, que Radio Municipal tiene unas grabaciones de él con Piazzolla de cuando actuaban allí, que aún no fueron llevadas al cedé. Pero sé que es verdad en el segundo. Del mismo modo, no sé si Héctor de Rosas ha sido el supremo cantante de Piazzolla. Aunque, en otro sentido, tengo una seguridad absoluta. (3) Repaso un poco: ¿Sobral? Demasiado vozarrón en su excelente voz........ ¿Goyeneche?......... o el teatro compitiendo óptimamente con la música....... ¿Jairo? El acápite piazzolliano de un perfecto baladista haciendo tangos. Me pongo a pensar en Trelles y me digo que es un segundo Héctor de Rosas. Y me digo que para qué un segundo si había un primero. Se lo pregunté (palabras más, palabras menos). Regresé a Sta. Fe con la pregunta puesta. Conjeturando si fue Piazzolla que dejó a de Rosas, de Rosas que dejó a Piazzolla o –lo que es más factible- que el desacuerdo fue en común. (4) Me dijo que dejó a Fresedo por amarrete. Me dijo que no aceptó un lugar en la Academia Nacional del Tango y no me dijo porqué y no se lo pregunté. Presumo que por las mismas razones que cierta gente no acepta ciertas oportunidades que casi todo el mundo considera envidiables. Yo hubiera podido, por ej., elegir una entrevista con Horacio Ferrer o con Amelita, a quienes admiro con el mismo brío que a Don Héctor. Por las mismas razones que el poeta ahora está en Málaga y la intérprete estará dentro de poco en Helsinki (5), que son razones que tienen que ver también con el hecho de que me resulta imposible disfrutarlos en la extranjería, ya que, entre otras cosas, soy un argentino de clase media baja..... por esas razones me hubiera resultado demasiado fácil llegar a ellos para darme a congraciar. Lamento que tantas veces las sospechadas leyes del espectáculo no sean las de la música. Lamento que, cuando el mercado absorbe al arte, predomine la tilinguería; y que, cuando el arte no se deja absorber, predomine la ingratitud. Dos cosas a favor nuestro: estábamos cenando en el "Cervantes"; casi se descompone de alegría cuando logré "adivinar" que quien le había hecho la letra a "El mundo de los dos" había sido el odontólogo Albino Gómez y que, por otra parte, fue Ulises Petit de Murat quien había dado su poesía para un tema que –recordó él- se llama "Graciela oscura". (6) La segunda: le pude decir –aunque no sé si lo escuchó- que una vez en cien años se da la conjunción entre el mejor músico, el mejor poeta y el mejor cantor.
...Y nos tomamos todo el vino.

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