miércoles, 21 de marzo de 2012

Guía para extranjis (2)




En las canciones típicas de los porteños el extranjero puede encontrarse con la palabra “churrasca”, que no deriva de “churrasco” [carne asada a la plancha o a la parrilla] sino de “churro/a” [bien parecido, goodlooking].
Para mí, que soy casi porteño, es un misterio por qué al pintón le dicen “churro” [Fruta de sartén, de la misma masa que se emplea para los buñuelos y de forma cilíndrica estriada].
¿Fruta?

Churrasca
Tango
Música: Francisco Lomuto
Letra: Francisco Lomuto

Pasé una noche
escribiendo una cartita
para explicarte, vidita,
mi querer;
frases bonitas
que hablaban con ternura
de tu atrayente figura,
tus encantos de mujer.
Pero no pude
terminar esa cartita
para poderte, vidita,
convencer;
y tantas cosas
en ella te decía
que al final ni yo entendía
y la tuve que romper.

¡Churrasca!...
¡Mi churrasquita!...
Yo no encuentro otra palabra
que mejor la puerta me abra
para expresarte mi amor.
Ahora que siento
que se abriga en mí un cariño
lo confieso, como un niño,
así, estoy.
¡Churrasca!...
¡Mi churrasquita!...
Entendé esta palabrita
que te dice tantas cosas...
y abrí tu corazón.

No ando con vueltas
y te hablo con franqueza:
temo perder la cabeza
y el valor.
Pasé las horas
consultando diccionarios,
libritos, epistolarios
y formularios de amor;
pero en ninguno
de esos libros con versitos
encontré mi amor escrito
con calor.
No hubo un poeta
que me diera un buen consejo...
Por eso, derecho viejo,
yo me haré entender mejor.

(Letra firmada con el seudónimo Pancho Laguna.)

1 comentario:

  1. La fulana



    Milonga



    Música: Alberto Mastra / Luis Caruso



    Letra: Alberto Mastra / Luis Caruso



    Tal vez, por ser afortunado en el querer
    no he sido desconfiao pa’ la mujer
    siempre supe entreverarme sin complicarme
    y al fin largué.
    La fui de mozo vivo y rompedor
    mientras duró el jueguito ligador,
    pero la última fulana
    me adelantó el reloj.

    La vi pasar y me enredé
    en la armonía de su andar
    ¡Qué monumento al churro aquel!
    ¡Qué calidad!
    Nunca creí, ¡pobre de mí! que esa fulana fuera mi fin.

    Cuando mi orgullo de varón
    entró el en juego de plantones y de ruegos
    que ella lo esquivaba así.
    ¡Que no puedo! ¡Que quién sabe!
    ¡Que esta noche! ¡Que mañana!
    La cuestión que la fulana,
    me dio el dulce y lo mordí.

    Ya ven
    que aquel mocito taura y rompedor
    hoy es un convencido jugador
    bien calladito y conforme
    con su uniforme de changador,
    la pinta es puro grupo y nada más,
    hay que vivir en serio y trabajar,
    y buscar a la fulana
    que a uno lo haga cambiar.

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